2 de diciembre de 2009
Añoranza
¡Qué rico aroma es el que siento en mi polera!- dijo el chico mientras olía su ropa- ... mmmm... ya no es mi aroma y eso me agrada, ¡me agrada mucho!... - agregó mientras alejaba la prenda de su rostro, para luego cerrar los ojos, como si aún quedase vestigios de aquel aroma al interior de su nariz- mmmm...¡qué rico hueles!
Fermín es un chico que gusta de los aromas ajenos al suyo, pero eso no quería decir que gustase de cualquier aroma que rondase por su alrededor. Si bien para muchos un aroma no es más que un simple olor, para Fermín un aroma significa mucho más que eso. Y es que para Fermín, un aroma está compuesto por un olor que posee dentro de sí un mar de recuerdos, de nostalgias, de sueños y de esperanzas. Un aroma era algo capaz de crear, por medio del olvidado sentido del olfato, un sin fin de imágenes que lo transportaban a lejanos tiempos y añorados lugares. Para Fermín, un aroma era incluso capaz de despertar al resto de los sentidos, motivándolos a crear y sentir antiguas o nuevas realidades.
Por ejemplo, si Fermín sentía el aroma de un queque horneándose, de inmediato disfrutaba de aquellas imágenes que lo transportaban a su tierna infancia, donde su madre horneaba biscochos para darle a la once un trozo de queque junto a una buena taza de leche blanca; o si sentía el aroma de la goma quemada, rápidamente venían a él las imágenes de cuando andaba en Metro, viajando ansioso para encontrarse con alguien especial en alguna de las coloridas estaciones que posee la capital. No obstante, para Fermín, el mejor aroma no era el que se encontraba recorriendo calles o lugares especiales, sino que era el que se encuentra impregnada en la piel de las personas.
Sin embargo, no crean que Fermín vivía olfateando a toda la gente, ¡claro que no!, ya que eso es algo que sólo haría un loco y Fermín no estaba un loco... él sólo era un ingenuo amante de los bellos recuerdos. Y es que Fermín amaba sentir fluir por su rostro el aroma surgiente del cabello y piel de la chica que le gustaba y a la cual nunca le confesó su amor.
Fermín solía abrazarla reiterada y constantemente para así intentar atesorar en su propia ropa, y si tenía suerte en su propia piel, el aroma que le hacia sentir tan, pero tan bien. De esta forma, cuando la chica se despedía de él con un beso en la mejilla desde el paradero, él lograba conservar junto a sí el aroma de ella, sintiéndose calidamente acompañado por algunas horas más. Y es que el poder sentir su aroma tras haberla visto partir, era una de las cosas que más lo hacía feliz, superable sólo por el tener la oportunidad de sentir directamente bajo su nariz el aroma dulce de la piel de aquella mujer que tanto amaba y de la cual nunca recibiría siquiera un beso.
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Me sorprendiste, hombre. Y para bien. Escribes muy bien. Las descripciones de los olores, algo que creo que es muy difícil de lograr, tú lo haces de forma simple y directa,y además, entretenida.
ResponderEliminarEso, sigue escribiendo, será un gusto seguir leyéndote. Cuidate y nos vemos mañana en el baby!...
Sweet chin music!... xD