En muchas ocasiones las sombras intentaron cubrirte, pero tus dos ángeles te mantenían arraigada en esta tierra de amistades someras. Ellos cuidaban de que tu corazón y alma siguieran recibiendo el soplo intenso de la vida. Sin embargo, algo ocurrió. No sé que pasó dentro de ese pecho, nunca comprenderé del todo que fue lo que esas sombras te dijeron como para que aceptarás su tétrica propuesta, pero no sabes, ni nunca sabrás, cuanto me entristece el saber que tus ángeles no fueran capaces de acabar con esa maldita oscuridad que carcomía tus vísceras.
¡Malditas sean las cobardes sombras!
Ahora... ya no te encuentras con nosotros, no podré verte deambulando en esos mágicos bosques, no podré verte reír al ver como con alma infantil disfrutabas de juegos y disfraces, no podré verte atendiendo tu posada que mil almas reunió durante esas largas veladas, no podré verte y decirte todo esto que escribo para ti...
Runyawen, caíste bajo el yugo de la oscuridad interna, esa misma que me ataca día a día y que muchas veces ha logrado acercarme al borde del abismo, pero que aún no logra hacerme saltar. No sé si podré vencerlas completamente, pero lo que ahora sí sé es que no me daré por vencido, viviré e intentaré que tu legado de cordial y desinteresada amistad perduré en mis acciones y en mi diario vivir, ya que personas como tú siempre harán falta en este mundo.
No sé si sea capaz de llamarte amiga al no ser capaz de estar junto a ti en esos asquerosos y terribles momentos, nunca podré evitar sentirme culpable, pero si puedo decir que lamentaré el nunca decirte que para mí eras una mágica y bella doncella de cuentos...
Runyawen, Cinthia, Bella Doncella... deseo que tu alma haya encontrado la calma y la paz que no encontró en este mundo. Esta es una pequeña forma de recordarte y conmemorarte, lamentablemente, nunca la leerás...
Que descanses en paz...
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